Todo en el pinar de El Espinar vibra ya, aunque el oído no lo capte: la savia moviéndose despacio bajo la corteza, la resina, el musgo empapándose de sombra, las raíces hablando entre ellas por debajo de la tierra. En el baño de bosque con sonido, ese vibrar tiene además un sonido que sí se escucha. Gabriel García Ferrer trae sus cuencos tibetanos al pinar, y el sonido, en vez de imponerse sobre el bosque, se mezcla con el viento y la resina hasta que es difícil saber cuál de los dos suena primero.
Qué es un baño de bosque con sonido
Es un baño de bosque (shinrin-yoku) que incorpora sonoterapia con cuencos tibetanos, en colaboración con Gabriel García Ferrer. Cuando organizamos esta sesión solemos ofrecer dos turnos, uno de mañana y otro de tarde, porque la luz cambia por completo entre uno y otro: al mediodía cae recta entre los troncos, por la tarde entra de lado, dorada sobre las copas.
Cómo es la sesión
Nos encontramos en el pinar de El Espinar (Segovia); el punto exacto de encuentro se facilita al confirmar la reserva. Empezamos como siempre: caminando despacio y sin ruta fija, deteniéndonos donde el cuerpo pide detenerse. La sonoterapia llega después, cuando el grupo ya está en calma y sumergido en la visualización. Ese es el momento en que un cuenco tibetano deja de sonar como un objeto y empieza a sonar como parte del pinar.
Gabriel García Ferrer es músico en esencia, con más facetas de las que caben en un párrafo: trabaja con cuencos tibetanos, diapasones, gongs y campanas desde hace dos décadas. Si quieres conocerlas todas, te invito a visitar su web esluzdelalma.es.
Qué dice la ciencia
El cuerpo lleva sabiendo esto mucho antes de que la ciencia se pusiera a medirlo. Entre los pinos, el cortisol baja y la tensión arterial se afloja, como si el aire cargado de fitoncidas encontrara la manera de decirle al sistema nervioso que ya puede soltar la guardia; los estudios japoneses lo llevan documentando años, junto con un aumento de las células que defienden el sistema inmune. El cuenco hace, a su manera, lo mismo. Cuando vibra cerca, el ritmo cardíaco baja y hasta la actividad eléctrica del cerebro empieza a moverse al mismo compás que el sonido, como si el cuerpo decidiera dejarse arrastrar por ese pulso en vez de por el propio. Lo que tienen en común el baño de bosque, el pinar y la sonoterapia es que se unen para llevar al cuerpo hacia una dirección común: del sistema nervioso simpático, el de la alerta, al parasimpático, el que permite descansar.
Qué llevar
El bosque, eso sí, tiene sus condiciones. En cuanto el cuerpo se tumba y la respiración se vuelve lenta, el calor se va hacia el suelo y aparece el frío, aunque se llegue con calor de mañana o de tarde. Conviene traer una esterilla, un cojín pequeño para la cabeza, una manta y algo de abrigo extra para después.
Hay una manera de saber si esto es para ti, y no pasa por pensarlo mucho: basta con imaginar el cuerpo tumbado sobre el manto del pinar, sentir la luz, la temperatura, el rumor del viento, la brisa, los pájaros, un sonido envolvente que te traslada a un universo nuevo, y preguntarle a tu cuerpo si quiere estar ahí. El bosque de El Espinar suena ahora de una forma que no sonaba antes. Solo hay que venir a escucharlo.